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NAVEGANTES ha
querido traducir y compartir este texto aparecido en el periódico
norteamericano The Nation por considerarlo de mucha importancia para cualquier
persona que esté pensando su alimentación en estos momentos. ¿Sabemos lo que comemos? ¿Conocemos el valor de lo que
comemos? ¿Comemos para vivir o
vivimos para comer? Todos estos interrogantes es bueno pensarlos y
discutirlos con amigos, en la casa, en el colegio y con todos lo sentidos
bien puestos. Al final dejamos
abierto el foro sobre las comidas manipuladas genéticamente con la invitación a que nos escriban si
han tenido acceso antes a este tipo de información o investigaciones en
Colombia y América Latina que puedan ayudarnos a rastrear el caso ya no en
Europa y Norteamérica sino aquí en nuestra casa, en nuestra huertas. Como información para los que quieren ahondar en el tema de la comida
en relación con una nueva actitud hacia la vida recomendamos el libro UN
TOQUE DE LAUREL que ya se encuentra a la venta en las oficinas de Bellas
Artes y en los puntos de venta de la ciudad de Ocaña. El presente texto ha sido reproducido con la previa autorización de
los editores del periódico. (Fecha de aparición: Diciembre
27 de 1999) Políticas Alimentarias CÓMO
LOS FRANKENSTEINS DE LA ALIMENTACION BIOTECNICA ESTAN
AHOGANDO A LOS CONSUMIDORES REBELDES. Por MARIA MARGARONIS Case, tembloroso, cortó su filete, reduciendo
el pedazo a un incomible fragmento del tamaño de una mordida y lo pasó por la
rica salsa... " Por Dios"
dijo Molly, - su propio plato estaba vacío - "Dame eso. ¿Tú sabes l o que esto cuesta?" Ella tomó el plato de él. "Ellos crían sanamente un animal por
años y luego lo sacrifican ¡Esto no es comida de laboratorio!" --William
Gibson, Neuromancer. Londres Hace un
año, el presidente de Monsanto, Robert Shapiro, tuvo el futuro en sus
manos. Su vasta corporación estaba en
la punta de la nueva revolución agrícola, la de la Modificación Genética
(MG); la propagación de las semillas modificadas genéticamente
a través de los Estados Unidos, dijo a los accionistas, es el "gran suceso de tecnología alguna,
desde la invención del arado".
La poca aversión que aún tenían los europeos por los nuevos cultivos
podría, él estaba seguro, ser superada por una mejorada clase de PR y una
prudente confianza en la ciencia.
Como Ann Foster pacientemente
explicó a las campañas anti MG aquí en Inglaterra: "La gente tendrá soya tipo Roundup Ready, les guste o
no". Pero lo
cierto es que hasta ahora, las cosas no han marchado de acuerdo al plan. La Unión Europea tiene una moratoria de
hecho sobre el crecimiento comercial de los cultivos manipulados y tiene
pendientes futuras discusiones (la única excepción ha sido la compañía suiza
de maíz Novartis, actualmente en expansión en España). Austria, Luxemburgo, Italia y Grecia tienen prohibiciones
totales o parciales sobre esa tecnología.
Hasta el gobierno de Blair, enamorado con la brillante promesa de los
negocios de alta tecnología y atento por estar bien con Clinton, se ha
doblegado ante la presión pública y ha retirado del comercio de Gran Bretaña
las semillas manipuladas por lo menos por tres años. (El ministro del Medio
Ambiente Michael Meacher, cuyos puntos de vista sobre el tema son
cuidadosamente seguidos por la CIA,
ha dicho en privado que los cultivos manipulados nunca crecerán
comercialmente aquí en Inglaterra).
Las tiendas han rechazado los alimentos manipulados por cantidades,
protagonizando una acelerada carrera contra las cadenas de supermercados que
ofrecen semillas manipuladas gratis.
En un reporte del comité británico de Ciencia y Tecnología se ha
puntualizado que, "en el estudio de
los actuales porcentajes sobre retiro de ingredientes manipulados en
productos alimenticios, se ve que no
habrá posibilidad de mercadeo para
los alimentos manipulados en este país". Las
exportaciones norteamericanas de soya a Europa, estuvieron por debajo de los
2.1 billones de dólares en 1996 llegando a 1.1 billones en 1999 y la
preocupación por los cultivos de manipulación genética sopla por las
praderas. En la pasada primavera y
verano una serie de reportes realizados por el influyente Deutches Bank
urgieron a los inversionistas a meterse en la agricultura biotécnica del
todo: "El término OMG
(Organismo Modificado Genéticamente) ha llegado a ser sinónimo de
peligro. Nosotros profetizamos
que una vez se entienda esto como el
motor de un gran negocio dejará de ser tenido como un paria". En Octubre, un Robert Shapiro castigado,
se disculpó ante Greenpeace por su "entusiasmo", el cual, él
reconoció, pudo ser leído como "condescendencia o descarada
arrogancia". Los fondos de
Monsanto han trabajado seriamente la pera modificada pero lo cierto es que
las estadísticas nos muestran una
compañía en disolución. ¿Qué
pasó? ¿Cómo se desataron las multitudes de ambientalistas, agencias
para el desarrollo, minoristas de alimentos y supermercados para detener,
temporalmente al menos, la carrera
vertiginosa de la enorme industria multinacional de la alimentación
manipulada?
*** La
primera protesta contra la modificación genética tuvo lugar en Norteamérica a
fines de los años 70s, cuando activistas de un grupo llamado Ciencia para el
Pueblo destruyeron fresas resistentes a la nieve y postergaron la
construcción de un edificio de biología molecular en Princeton. En su momento ellos fracasaron. Los norteamericanos, por mucho tiempo,
confiaron a la Oficina de Alimentos la regulación de los niveles de toxicidad del pan diario
por debajo de los niveles sicológicos manejables y no se preocupaban
demasiado por el origen de las golosinas que llenaban el cuerno de la
abundancia. Las grandes fábricas de
cereales del medio-oeste trabajaban lejos de los lugares de afluencia del
público. No así en Europa. Allí
naturaleza y agricultura van de la mano, ocupando el mismo espacio físico y
social. Las labores culinarias y del
campo en Europa se han formando por
más de 2500 años, alternadas por
pequeñas y grandes migraciones, la conquista y pérdida de colonias, guerras y
revoluciones. Los europeos se sienten
fuertes cuando hablan de comida: los
alimentos son base de su identidad tanto como la economía, la cultura y la
naturaleza. Los más
dramáticos cambios en los campos europeos en este siglo son el resultado de
la experiencia del hambre durante la Segunda Guerra Mundial: mucho de la injuriada Política Común
Agraria de la Unión Europea tiene su origen en la determinación de que Europa
nunca volverá a ver masas hambrientas.
Por un lado protege y sostiene
a sus agricultores contra los caprichos del comercio mientras simultáneamente
invierte en agricultura intensiva, con esto los gobiernos europeos esperan
asegurar por un largo periodo la seguridad alimentaria para su pueblo. Pero, como usualmente se da, las
contradicciones entran a casa por el gallinero. "La
Cuarta Revolución Agrícola",
dice Tim Lang, profesor de
políticas alimenticias de Thames Valley University y una de las nuevas luces intelectuales del
movimiento alimentario, " está comenzando justo como la tercera
revolución se fue desenredando, es decir, con agroquímicos y cultivos
intensivos" Esta manera de desenredarse se ha hecho sentir así
mismo tanto en la crisis económica
como en los efectos de muchos granjeros europeos y en una serie de escándalos
en cuanto a la seguridad de los alimentos causados por producciones
irregulares e intensivas. El brote de
encefalopatía esponjosa en el ganado bovino británico (BSE) en los 80s y su aparición en los humanos
como una fatal variante del mal de Creutzfeldt-Jacob en los 90s fue el hecho decisivo para que la gente
perdiera la fe en sus gobernantes y los productores de alimentos. En un terrorífico paquete, el BSE amarró la nueva práctica agrícola tipo "económica" ( en este caso la
alimentación del suelo para ganadería), el seguro de salud y la buena
voluntad del gobierno inclinada por la industria alimenticia al nivel del
costo de vidas humanas. Hasta
ahora, la nueva variante CJC ha matado 43 personas en Gran Bretaña; la
jefatura médica advirtió recientemente
que millones podrían haberse contagiado por haber comido carne de buey
durante los últimos cinco años.
Algunos estimativos indican
que todo este asunto ha costado alrededor de los 6.5 billones de dólares, la
mayoría de esta suma aportada por la Unión Europea. Por otra parte, en Europa,
historias similares aparecen con depresiva regularidad. En el pasado verano, por ejemplo, un
encubrimiento de contaminación con dioxin en alimento animal provocó la caída
del gobierno belga y parte del gabinete alemán y ha preocupado a los gourmets
del continente que han arrojado huevos, pollos y chocolate belga por una suma
de 800 millones de dólares (siguió la
crisis de la Coca Cola, en la que 30 millones de canecas y botellas del "elixir de la vida" fueron
vertidos a los desaguaderos después que un número indeterminado de personas
se reportó enferma, ocasionando un
nuevo caso de histeria masiva). La
ansiedad solo fue contenida parcialmente por la atracción que ejercía la
guerra anglo-francesa de la carne de
res, en la cual el ministro británico de agricultura decidió boicotear los
alimentos franceses en retaliación
por la negativa francesa de levantar la prohibición sobre la carne de res
británica en el resto de países de la Unión Europea - esto fue simultáneamente publicitado en un reportaje
norteamericano que halló residuos de aguas cloacales en alimento procesado de
origen animal. El periódico, The
Daily Mail, para aumentar las
ventas circuló con fotos de vacas con boina y papel higiénico anudado en el
cuello.
*** Las
compañías biotécnicas danzaron en este campo minado con toda la gracia de un
elefante con botas. Hace diez
años, la agricultura biotecnologica fue debatida por Joan Ruddock (antiguo
líder de las campañas antinucleares)
con ong's ambientalistas como Greenpeace y Amigos de la Tierra que reportaron
entre sus actividades protestas sobre el asunto. En 1990 el primer aditivo manipulado aprobado para su uso en
alimentos británicos, una harina para la fabricación de pan, fue tragada sin
ningún remordimiento y así fue vendida una salsa de tomate en un supermercado
de Sainsburg a un precio menor que el convencional. La duda comenzó el mismo año cuando la Asociación
Norteamericana de cultivadores de Soya, la Asociación de Comerciantes de los
Estados Unidos y Monsanto dijeron a
los minoristas de alimentos británicos que ellos no podían - no podrían -
separar las semillas de soya manipuladas de las semilla convencional,
socavando la regla de oro del consumidor capitalista que es la libertad de elección. Por la misma época, los medios de
comunicación se concientizaron llegando
a las masas criticas y los supermercados comenzaron a recibir cartas
de preocupación de los clientes en donde les proponían que no se
vendieran alimentos manipulados. La
arrogancia con la que los biotécnicos americanos se
acercaron a los industriales europeos de la alimentación es la parte negra de
la leyenda. Bill Wadsworth, gerente
técnico de la cadena de alimentos congelados Iceland, recordó una reunión en
septiembre de 1997 en la que un biotécnico, actualmente ejecutivo, le
dijo: "Ustedes los europeos son
unos atrasados a quienes no les gusta el cambio. Ustedes deben aceptar que esto es lo correcto para sus
clientes". Unas pocas semanas
más tarde, Wadsworth voló a Brasil donde halló cultivos y procesadores de
semillas de soya no manipuladas y comenzó un plan para reemplazar los alimentos procesados en su cadena. Iceland
comenzó a plantear el perfil del problema con sus consumidores, no
olvidando que mientras los alimentos de ellos estuvieran libres de
manipulaciones genéticas en otros supermercados esto podría no suceder. Un poco antes, una larga cadena de
supermercados en todo el país fue inundada con cartas y llamadas telefónicas
preguntando acerca de los alimentos manipulados. En junio de 1998 una encuesta demostró que el 95% de los
consumidores británicos sospechaba que todos los alimentos que contenían
ingredientes manipulados poseían sello de seguridad. Mientras
tanto, los experimentos en cultivos manipulados en Gran Bretaña realizados
por Monsanto, AgrEvo, Norvatis y otras compañías dieron un dramático enfoque
a los argumentos medioambientales contra la modificación genética. Las acciones de los medios eco-activistas
con vestidos de descontaminación o implacables equipos de segadoras
comenzaron a detener los ensayos en las plantaciones al tiempo que inundaban
los supermercados con folletos explicativos de lo que estaba pasando; por el
verano de 1998, apenas pasaba una semana sin el reporte de una nueva,
creativa y no violenta protesta.
English Nature, que es el guardián medioambiental del gobierno
británico y la Real Sociedad Para la Protección de Aves se sumaron a las
voces que clamaban por una moratoria en los cultivos experimentales,
alertando sobre el grave riesgo de poner en libertad esos nuevos organismos
en el ecosistema. La transferencia
genética puede producir super-maleza resistente a cualquier herbicida,
cultivos tóxicos a insectos con lo cual se podría afectar
completamente al cadena alimenticia y en el futuro dañar la biodiversidad de
un paisaje ya por lo demás empobrecido debido a las siembras intensivas. En un país donde los grupos
medioambientales superan a los partidos políticos en una relación de 4 a 1,
la desaparición de alondras y otros pájaros de los campos es de hecho una campaña política
fuerte. La participación del Príncipe
Carlos en la lucha al lado de las campañas verdes revivió la credibilidad de
Diana sobre un hombre que hacía tiempos era ridiculizado cuando hablaba de
sus plantaciones. Por el
tiempo en que Monsanto lanzo su ingeniosa campaña para vender biotecnología
en Gran Bretaña durante el verano de 1998, la hoguera ya había sido
preparada. El frente unido de
ambientalistas, vendedores y minoristas de comida, animaron en parte la furia contra las multinacionales, tirándoles
lana a los ojos, uniéndose en armas
con las ong's que fueron ultrajadas por los esfuerzos de Monsanto para
arrinconar los mercados de semillas
del Tercer Mundo con una tecnología
que podría acabar con los medios de vida de los granjeros mientras se
pretendía elaborar la llamada "semilla del mundo". La chispa que prendió la hoguera fue la emisión a Agosto de un documental
acerca del trabajo del Dr. Arpad
Pusztai, un investigador de un instituto gubernamental quien expreso que
ratas alimentadas con papas manipuladas presentaban bajo crecimiento y
destrucción del sistema inmunológico.
El Dr. Pusztai de inmediato
perdió su empleo con el argumento que su trabajo era imperfecto e incompleto, pero lo cierto es
que el incidente había lanzado a las ong's hacia el mundo de la prensa. Con su habitual descaro The Express lanzó
una cruzada populista contra las "Comidas Frankestein" y presionó
para que nadie, adultos o niños, fueran mantenidos en la oscuridad respecto
al tema. La controversia de las semillas manipuladas llegó hasta una
memorable comedia familiar de ambiente granjero que se emite por la BBC, Los Archer: Para alivio de sus admiradoras de todas partes, el joven Tommy
Archer fue recientemente exculpado del delito de daños criminales después de la destrucción de un cultivo
experimental de manipulación de semillas de aceite de oliva en predios de un
tío suyo. Downing
Street ha permanecido inconmovible ante estas protestas. Permitiendo al líder
conservador William Hague (quien ha sido
asimismo caricaturizado como una vegetal manipulado) a que despliegue un
actitud de indiferencia sobre los
ambientalistas y de deslumbramiento y de respeto por las firmas biotécnicas. Para Tony Blair, la revolución genética es
parte de la nueva tecnología que pondrá a la Gran Bretaña en el siglo
XXI. En palabras del Consejero
Científico del gobierno, Sir Robert
May: "Nosotros hemos participado
con grandeza en la creación de los fundamentos de la ciencia: ¿Iremos a perder ahora como perdimos en el
pasado?" La oveja Dolly, después
de todo, fue clonada aquí. Si
nosotros "perdemos" esa gran carrera será en parte por la errónea
interpretación gubernamental del sentir popular. De haber ellos procedido
desde el comienzo de manera clara y cuidadosa, confesando todas las
incontestables preguntas acerca de la modificación genética y tratando a la
población como ciudadanos inteligentes en lugar de niños supersticiosos, las
consecuencias habrían podido ser diferentes. Pero si - en algún
hipotético universo paralelo- esos
hubieran sido los métodos de los
Nuevos Laboristas, las firmas
biotécnicas y los cultivadores norteamericanos con sus esclavos nunca hubieran permitido tal precaución. Blair estaba predispuesto a favor de toda
clase de negocios de alta tecnología;
él estaba también, como puntualizó el escritor y ambientalista George
Monbiot, "bailando muy pegado a Clinton". Para los
Estados Unidos, Gran Bretaña es la puerta de entrada a Europa - y Europa es,
si es algo, un continente cada vez menos enamorado de la biotecnología a
pesar de los esfuerzos de firmas con cosecha propia como Novartis y
Zeneca. En Gran Bretaña, Alemania y
en cualquier otra parte, la resistencia a la modificación genética ha sido dada
por activistas verdes y consumidores. En Francia se involucró a
la Confederación de Campesinos, la segunda más grande unión de
granjeros del país y hogar político de José Bové, famoso por haber desmontado
un nuevo Mc Donald en Millau en protesta contra el imperialismo de la comida
americana. El año pasado Bové fue uno
de los 120 granjeros que destruyeron silos llenos de maíz tipo Bt - una variedad de semilla manipulada sobre
la cual se ha demostrado su influencia en abejas y en mariposas monarca- y
desde entonces ha sido reconocido en Francia. En el juicio en su contra, Bové hizo una apasionada
disertación expiando sus actos:
"¿Cuándo se llamó a granjeros y consumidores a pedirles la
opinión sobre todo esto? Nunca. Las decisiones han sido tomadas al nivel
de la Organización Mundial de Comercio y la maquinaria estatal obedeció con
la ley de mercado vigente... El maíz
genéticamente manipulado es el símbolo un sistema de agricultura y un tipo de
sociedad que yo me niego a aceptar.
El maíz genéticamente manipulado es el producto puro de la tecnología,
donde los medios se convierten en un fin.
Las decisiones políticas son echadas a un lado por el poder del
dinero". *** Desde
entonces Francia ha revisado su decisión de siembra de maíz, por razones
ambientales y de salud y - después de una oportuna intervención de Greenpeace
y el activista Geremy Rifkin con el consejero del Primer Ministro- ha
argumentado a favor de una moratoria de los Estadios Unidos sobre futuras
pruebas de cultivos manipulados. A
pesar de la tenaz oposición británica, la moratoria ha sido efectiva aunque
no se ha oficializado: Francia,
Italia, Dinamarca, Grecia y Luxemburgo han declarado que ellos bloquearán
las salidas de nuevas licencias hasta que las actuales
regulaciones hayan sido agregadas.
Además, todos los alimentos vendidos en Europa que contengan un
porcentaje significativo de ingredientes manipulados no serán sellados - una
decisión que de inmediato rebotó sobre los agro-mercantes norteamericanos
obligando a gigantes del comercio de grano como Cargill y Archer Daniels a segregar sus silos. *** En al
guerra de la Cuarta Revolución Agrícola el primer asalto parecen haberlo
ganado los ciudadanos. Pero esto es
únicamente el comienzo. La economía
alimentaria global es regulada por el intrincado engranaje de maquinarias
como los Estados Unidos y la Organización Mundial de Comercio, ellos mismos
dominados por corporaciones transnacionales con un presupuesto mayor que muchos países pequeños. Los ejemplos de intereses competitivos y
jurisdicciones superpuestas están a la mano.
La guerra anglo-francesa de la carne de res fue una tempestad en un
vaso de agua comparada con la lucha para determinar si los alimentos frescos
de Francia sean lo que el pueblo francés al fin de cuentas coma. La administración Clinton ha usado el
Tratado de Comercio Internacional para declarar que la prohibición en Europa
de la hormona de carne de res Americana es ilegal (logrando que Estados
Unidos exija 117 millones de dólares en sanciones) y a menos que el gran foro
que se reunió en Seattle obtenga algunas victorias significativas, es seguro
que se hará lo mismo con los intentos europeos de restringir las semillas
transgénicas. El leal gobierno de
Blair ya ha desafiado la moratoria europea como una violación a las reglas de
la Organización Mundial de Comercio. Como toda
victoria, parcial sin embargo, esta ofrece valiosos puntos de vista para el
futuro. La oposición a las semillas
manipuladas ha sido dirigida por organizaciones ambientalista como Greenpeace
y Amigos de la Tierra - parte de la marejada de grupos que llenaron el vacío
dejado por los gobiernos en la era neoliberal de los ochenta. Pero los soldados que realmente bloquearon
el complicado avance de las firmas
biotécnicas fueron las mujeres y hombres que se rehusaron a comprar
sus productos - consumidores, ciudadanos del capitalismo global, que votaron
de la única forma en que ellos lo pueden hacer. En el movimiento europeo contra los alimentos manipulados, la
vieja estrategia de Ralph Nader de organizar consumidores en el mismo puesto
de consumo ha encontrado su aceptación ahora. No
obstante, las políticas de los consumidores tienen sus limitaciones. Las corporaciones transnacionales son
animales de muchas cabezas, con una capacidad infinita para hacer brotar nuevos
miembros en un abrir y cerrar de ojos.
Una vez Europa se llenó de graffittis, Monsanto inmediatamente se
reagrupó; organizó una serie de
encuentros cerrados con organizaciones ambientales a comienzos de
1999, ofreciendo en el acto su base de datos genética para ayudar a granjeros
a crear una nueva variedad de cultivos a través de los tradicionales métodos
de hibridación o cruce. No es para
sorprenderse. Monsanto también ha
tratado de meterse en países donde ellos saben que la gente tiene más presión
por la falta de comida que por el posible riesgo de comer alimentos
manipulados genéticamente. En
Georgia, por ejemplo, realizaron por dos años pruebas ilegales de papas
manipuladas antes de ser expulsados por Greenpeace y Elkana, un grupo
georgiano de agricultura orgánica. Internet
ha planteado un desafío a la coalición de activistas cambiando la cara y las estrategias del
nuevo movimiento por la comida: la
idea es mantener un pensamiento
global mientras se actúa a nivel
local. En Europa, el debate sobre la
manipulación genética ha atraído el interés de la gente acerca de la
seguridad de lo que ellos comen. Los
reclamos por comida orgánica entre los consumidores británicos se ha
incrementado en un 40% en el último año como lo demuestran las estadísticas, empaques de material orgánico - el 70% de
ellos importados- abundan a lo largo
de la vitrinas de Sainsbury y Safeway.
Los agricultores son los mas lentos para captar el asunto, aunque
ya algunos están tratando. El programa de gobierno para conversiones
orgánicas ha dejado exhausto el presupuesto de 1999-2000 desde marzo de 1999
a pesar del incremento de 17 millones de dólares. El laborista M.P. Rodock ha presentado un proyecto de ley para
incrementar el metro de tierra cultivada orgánicamente en los próximos diez
años. La cadena Iceland, siempre en
la punta, comenzó a producir alimentos orgánicos comprando ingredientes de
lugares donde las condiciones permitidas de asistencia química para cultivos
es mínima - por ejemplo, trigo proveniente del occidente del Canadá. La estrategia de Bill Wadsworth está
basada en el principio de verticalidad:
"En la medida de lo posible estar seguros del origen de los
cultivos las semillas de soya que irán dentro de mi hamburguesa" ¿Pero qué podría significar esto para los
productores en países pobres?
¿Estamos buscando un nuevo escenario tipo United Fruit en las que las
islas tropicales se sembraron de orilla a orilla con piñas (cultivadas
orgánicamente) que eran enviadas a los supermercados de Occidente mientras sus pueblos comían
potajes de maíz manipulados genéticamente y revendidos por las subsidiarias
de Monsanto? En
noviembre 9 (1999) granjeros hindúes visitaron Gran Bretaña, patrocinados por
la cadena Iceland y por un grupo internacional de intercambio llamado
Conexión de Granjeros. Embutidos en
un pequeño cuarto de reuniones en Westminster, ellos le contaron a Ruddock
sobre su gran frustración al ser excluidos de las discusiones de la
Organización Mundial de Comercio en donde se determinaría su futuro. En India, donde el 75% de la población está directamente involucrada con la
agricultura, la liberación del comercio ha tenido un efecto devastador: la importación de alimento barato
significa importar desempleo.
"La gente ha rechazado
los alimentos manipulados" dice Vivek Cariapa, un granjero orgánico del
sudeste de la India quien es
activista del floreciente movimiento anti semillas manipuladas de su
país. "¿Para dónde se irán? No pueden irse para la orilla del
mar. Seguirán en el campo como todos
nosotros." Con honestidad,
Ruddock explicó a los granjeros hindúes que la gran totalidad de sus colegas
británicos, no compartían sus
conceptos: "Gran Bretaña siempre
han funcionado como una empresa multinacional de la alimentación con
subsidios provenientes del CAP.
La mayor parte de la gente en las áreas urbanas están presionando por cambios en las prácticas
agrícolas con excepción de una minoría que aboga por los cultivos
orgánicos." Cuando Vivek Caripa
le preguntó si los británicos realmente deseaban dejar sus canastas de
mercado en manos de la multinacionales, Ruddock pausadamente, mirándolo a los
ojos, dijo con desgano:
"Sí". *** Si las
compañías biotécnicas siguen sus métodos
muy pronto podríamos asistir a la pesadilla del futuro en la novela de
William Gibson, en la que los ricos comerán
comida real producida por granjeros artesanos y los pobres comerán
alimentos tratados en tubos de ensayo.
Mientras la comida sea tratada
para maximizar los resultados, hay poca oportunidad de reducir el
hambre mundial a cambio una dieta segura para unos pocos afortunados. Como Tim Lang puntualizó: "Tenemos que mirar cómo se producen
los alimentos y no únicamente analizar las necesidades de consumo" O, en las frescas palabras de José Bowé: "Estamos frente a una gran decisión
para la sociedad. Si aceptamos la
producción intensiva, con la tremenda
reducción del número de granjeros con
el único interés de satisfacer al Mercado Mundial, o creamos
agricultura de granjeros para el beneficio de todos". La
coalición mundial que por ahora se ha atravesado en los cultivos
manipulados genéticamente en Europa y escenificado el carnaval de protestas
en Seattle, tiene muchas cosas por hacer.
Pero el genio ya está fuera de la botella. Los alimentos - que en su recorrido desde su germen hasta el estómago hacen un enlace con la
ecología, el trabajo, la pobreza, el comercio, la cultura y la salud- serán
la clave de un ítem en el menú de las luchas
del siglo XXI contra el arbitrario poder de las gigantescas
corporaciones.
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Venta de mangos en el parque principal de Ocaña |
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María Margaronis es periodista, colabora en The Nation y vive en Londres. Traducción: Benjamín Casadiego Foro NAVEGANTES: ¿El
tema nos toca? Este foro no entra con
una pregunta, va con una propuesta, revisar nuestra cultura de la
alimentación, revisar y estar atentos a lo que comemos (los alimentos
congelados, los enlatados, su origen y componentes) y en el mejor de los
casos revisar las políticas alimentarias en nuestros países. Esperamos sus cartas contándonos sus
experiencias. |
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