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INTERNET
en la Escuela:
Tecnologías
para conocer y crear
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Venta de cachivaches en el Mercado Público de Ocaña |
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Si se abriesen todas las puertas de la percepción, todas las cosas se mostrarían como son: infinitas . William Blake |
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Hace
apenas medio año nosotros en este proyecto teníamos como herramienta de trabajo
una vieja y querida máquina de escribir marca Remington y muchas cosas
en la cabeza por hacer. Por casi diez
años hicimos cuentos, proyectos, informes, guiones de video y artículos para
periódicos en ese pesado aparato que ahora nos parece extraño y
romántico. Cuando llegó la
computadora solo sabíamos teclear y el técnico que lo instaló nos dio en
media hora unas breves y claras explicaciones. Apenas sospechamos que se produciría un gran cambio. Pero el
ordenador, con la línea de Internet instalada, en realidad nos abría una
posibilidad vasta y compleja, tanto que a veces daba miedo, era sentarse uno
en la orilla del universo a muchos
años luz de casa (sin saber cómo
regresar, si es que es posible el regreso, y aún sin medir los cambios que se
producirán, las mutaciones, la nueva cara del auto-erotismo, de la vida
cotidiana, el nuevo contenido y formato de los sueños y las pesadillas,
páginas web abriéndose para revelar un monstruo baboso y tanto peor si falla
la conexión y quedamos atrapados en una red onírica, a medio camino entre
esta nueva forma de asumir nuestra subjetividad y nuestro anterior rostro
venido desde el paleolítico). Así pues,
teníamos ante nosotros un aparato infinito y la posibilidad de entablar
diálogos con cualquier parte del mundo en un abrir y cerrar de ojos, como
quien manda un papelito a un compañero de clase. Así de fácil, rápido y seguro.
Pero al mismo tiempo se presentaba un problema: Internet lo tenía todo, todas las
respuestas estaban allí, el norte y el sur, abajo y arriba, información
valiosa y basura. Podía entrar todo
por sus ventanas. Todo esto
que en un principio fue como la aparición del genio de la lámpara se volvió un problema con el tiempo. Estábamos en la cueva de los tesoros sin
saber qué llevarnos a casa... ¿Qué
hacer con tanta información?
¿Teníamos preguntas? Dicen que si hay una pregunta es porque ya la
mitad está resuelta. De pronto veíamos la urgente necesidad de tener
preguntas ante ese oráculo que estaba allí inclinado reverencialmente a
nuestro servicio. La cuestión clara
es que podríamos muy bien naufragar y mal utilizar esta magnifica herramienta
de trabajo... Con los
jóvenes que hacen parte de este proyecto se
establecieron desde el principio algunas preguntas: ¿Para que sirve un computador? ¿Para que nos sirve Internet? (algunos ya
tenían red en su casa y otros en los colegios) Descubrimos que Internet era
para ellos entrar a otro mundo, otras relaciones interpersonales, otra manera
de verse a si mismos y comunicarse con la gente, bajar música, chatear largas
horas con amigos desconocidos.
Descubrimos también, cuando
comenzamos a trabajar, que algunos de ellos se imaginaron unas salas bien
iluminadas en donde cada cual entraría a desarrollar una comunicación solitaria,
tranquilla o apasionada. Irían a
navegar. Algunos chicos se
decepcionaron cuando se enteraron que la primera clase consistiría en un paseo por el mercado público de
Ocaña y luego de esa experiencia narrarían por escrito (con lápiz) lo vivido
en esa exploración. Muchos no
volvieron a la semana siguiente.
Ellos venían a navegar y a enredarse con las tecnología de avanzada y
no a tropezarse con las frutas, las
hortalizas y los olores del mercado.
Lo lamentamos mucho por ellos pero adiós. Con un solo computador no
podíamos darnos el lujo de admitir chicos para que se vinieran a pasar largas
horas frente a la pantalla como antes
lo estaban ante un televisor. La calle
también era una red y
allí había muchas cosas por descubrir. La calle podía generar preguntas para comunicarlas a
otras gentes en el mundo o aquí mismo en nuestra vecindad. Debíamos aprender a trabajar con ese único
aparato como hace años trabajamos con una solitaria máquina de video. Esa escasez nos salvó ayer y ahora. Los chicos de ayer con la cámara y los de
ahora con el Internet se enfrentaron al reto con responsabilidad y sentido
común. Desde
este periódico y nuestro sitio web pretendemos dar herramientas para que las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación sean usadas en
beneficio de todos sin que por ello deje de ser divertido, sabemos que es una
oportunidad para conectarnos con el
mundo pero también nos puede
desconectar de él y de nosotros mismos. Entonces la gran posibilidad se pierde. Miremos
arriba el cielo en una noche estrellada.
Allí está el infinito para nuestro disfrute y para preguntarnos por la
vida, por su origen y nuestra ubicación en ese cosmos perfecto... para otros el cielo está allí
simplemente. Para aquellos que no han
perdido el asombro y el espíritu de búsqueda está el mundo cambiante con los
adelantos tecnológicos que a diario nos asombran. Aprenderlos a usar
puede ser divertido: elaborar
y desarrollar preguntas, entrar en comunicación con otras ideas y propuestas,
con otras visiones del mundo y otra manera de enfrentar los problemas, todo
esto nos hará mas centrados y con los pies en la tierra pero con una continua
capacidad de volar. Allí está la
clave de Internet. Pero la clave,
antes que la tecnología, está en nosotros mismos. Somos nosotros los que al final de esa cadena tecleamos para
que las ventanas del infinito se abran ahora mismo. ¡Bienvenidos
los navegantes de todos los tiempos! Benjamín
Casadiego Cabrales Dirección
Proyecto Navegantes. |
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Instituto de Cultura y Bellas Artes de Ocaña - Colombia |
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e-mail: inavegar@col1.telecom.com.co |
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